martes, 6 de septiembre de 2011

Verdades y otras mentiras.

Crecemos con las mentiras, nos alimentan.
 Primero nuestros padres las usan para "protegernos" de la realidad (las llaman mentiras justificadas, porque sólo son verdades postergadas.)
 A lo largo de nuestra vida, los medios de comunicación, todo organismo superior, y la sociedad, nos mienten mientras nos enseñan que mentir es malo.

 Cuando llegamos al punto de poder juzgar nosotros mismos que tan  malo es mentir, recordamos a Bentham y a Mill y nos surge un dilema:
"la moralidad de cualquier acción o ley viene definida por su utilidad para los seres sintientes en conjunto"
-O en otras palabras, una acción es buena o mala dependiendo del número de seres a los que beneficia o perjudica-

 Entonces nos preguntamos que tan malo es esconder una mentira.
Y esto me recuerda al día que mi madre me llamó egoísta por decir la verdad:
  Tenía 16 años y le corté a mi novio y le dije que me gustaba otro chico.
 -¿Y para qué se lo dijiste?-
 -por que no me gusta mentir mamá-
 -pobre chico, ya tiene el autoestima suficientemente bajo, y no lo vas a volver a ver, podías haberte ahorrado el detalle, que egoísta, solo lo hiciste para no sentirte mal por mentir-
 Era verdad,solo lo hice por sentirme mejor conmigo misma. Bentham y Mill revolviéndose en sus tumbas, soy una mala persona.